Ayer fue un día de eso de los pasan por la vida como cualquiera, las rutinas del día, una reunión de amigos sin pensarlo al final de la tarde.
Muchas veces pensamos que nuestro mayor enemigo se encuentra fuera de nosotros y la verdad es que nuestro enemigo esta dentro de nosotros mismos así como también nuestro mayor amigo.
Hace algunos meses cometí un error y fui generosamente salvada por la campana de la sensatez, yo debo confesar que a ratos no soy la persona más sensata, ayer me senté a la mesa con una persona muy especial y él tuvo la sensatez de no sentir rencores por mí, ni quedar anclado pese a un hecho que prefiero reservarme por respeto a los inocentes, tampoco tan inocentes pero al menos más yo.
En medio todo nos convertimos en la anécdota de una cosa kafkeana, refrendamos nuestros recuerdos más locos en esa conversación, desde un pequeño papel hasta un gran protagónico, nos reímos del Duende, de la Candy, nos reímos de nosotros mismos y pasamos un buen rato...
Dejamos parte de nosotros mismos en el tiempo que nos toco compartir el trabajo, nos toco compartir el brillo de los ojos de los hombres y mujeres viejas, sabios, zorros y no por eso nosotros menos zorros, ganamos una apuesta que podríamos haber perdido fácilmente, de ser parias pasamos a ser el Dream Team del Lucho, el hombre que nunca fue mi enemigo y que ahora con propiedad puedo llamar mi amigo.
Un día cualquiera puede ser especial, depende de con quien lo compartas y con miradas sean las palabras...

No hay comentarios:
Publicar un comentario